La complicidad de lo obtenido.

A lo largo de mi vida, he leído algunas cosas sobre el hombre y la mujer “ideales”, algunas veces por curiosidad, otras por mera distracción y algunas veces por verdadero deseo de informarme. Después de varias fuentes, llego a la conclusión de que la fantasía y la ceguera gobiernan en gran parte, pero que a la vez es una decisión personal e irrefutablemente propia, el hasta dónde se estira ese deseo de pertenencia y de perseguir un ideal. De entrada, querid@ lector/a te cuento que soy totalmente defectuosa. Para nada ese “ideal”, así que no te sientas juzgad@. Que soy “terca”, tengo un carácter fuerte y más curvas que el Cerro de la Sepultura (si no comprendes, Google “Cerro de la Sepultura”, ¡ya verás!), y que también amo desde mis entrañas y río y lloro como niña de kinder. No vivo bajo ninguna fantasía de que yo estoy siempre en lo “cierto” ni de que soy la mujer perfecta. Sencillamente, soy. Dentro de mis búsquedas y curiosidades, encontré un artículo de una mujer anciana que hablaba de lo valioso que hay en la vida, y del cómo es triste tener que llegar a tales años para adquirir sabiduría— ¿ironías de la vida, o pretextos de antaño?, no lo sé. Pero me pareció efectivamente triste. Hoy en día, el mundo de la sobre información nos permite saber mucho de lo que antes se ignoraba, y a la vez, caer en un juego de ideales, deseos y falsas creencias.   Cuando conozco personas bellas que están pasando por divorcios tormentosos, porque su carácter es corto y/o simplemente incompatible, pienso en los años y momentos compartidos, y en el instante o los años de deseo, que los hubo llevado a lograr lo obtenido; y que una vez teniéndolo, no supieron qué hacer con ello, más que probablemente crear más seres humanos, como lo marca la sociedad, y/o el rompimiento de dos -o más- corazones por terminar sus vidas como las conocen. Es una complicidad -el matrimonio y/o la vida en pareja- que a veces se toma con la ligereza de un momento de pasión, que ha perdido lo sagrado -y quien me conoce puede entender el peso de mi uso de esta palabra, dado que soy anticlerical totalmente-, el respeto y sobre todo la honestidad. Los matrimonios y los divorcios son negocios de alto calibre en nuestra sociedad. Una batalla campal donde sólo los “más fuertes” ganan.   ¿Qué pasa entonces con ese “ideal”? ¿Será que las caras que damos a conocer cuando “ligamos”, son precisamente enfocadas a satisfacer únicamente al otro, llevados por el deseo y el gran miedo a la soledad? ¿Es el amor tan hipócrita, tan descarado y tan minimizado por nosotros, que no es visto como la parte más alta en la jerarquía de valores? ¿Es entonces, un juego de vestidos cortos, zapatos altos y alaciados al por mayor? ¿Es el amor, tener un buen coche, usar ropa de marca, caer en lo “trendy” y en ser “super cool” más bien conocidos como “hipsters 30añeros” que se rehúsan a crecer? ¿Qué no el amor es: con todo y tus defectos, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, hoy por ti, mañana por mí? ¿Qué no es el amor caminar lado a lado, sin competir, pero sintiendo admiración y orgullo por los logros personales? La queja de muchas amigas casadas y algunas divorciadas es por lo general, esa represión, ese gran miedo del ego masculino -de perecer- ante el gigante femenino que vienen con fuerza reclamando su lugar con todos sus derechos. Al final, la libertad debe ser un tesoro NO NEGOCIABLE. Grandes naciones van a la guerra por el temor a la pérdida de la misma. Entonces, ¿por qué voluntariamente caminamos hacia esos grilletes sin censura, bajo el total acuerdo de la sociedad, viéndonos marchitar sin esperanzas, ante el género masculino (especialmente latino), que se rehúsa en toda honestidad, a aceptar -en público, porque habría qué ver en privado, como cambia esa misma situación y el discurso que algunos hombres pronuncian con cínica sinceridad- que una mujer puede y debe sobre todas las cosas, estar en el mismo carril. Ante esta situación, el más triste de los encuentros es mi género, generador de ese pensamiento que nos detiene ante el progreso. Ese pensamiento sumiso que nos hace engrandecer a la figura masculina como un premio por el que debemos luchar y provocarnos miles de angustias por: peso, estatura, color, pecas, cabello, maquillaje, pies y columnas desfigurad@s -el que me ame, que intente caminar 1 minuto seguido en tacones de más de 7 cm- formas de interactuar, sostener “la pose”, decir sólo lo “correcto” y en el momento apropiado, nunca contradecir y de hacerlo, saber “hasta donde” y sobre todo… jamás ser absolutamente “tú”, al menos no en el primer año de relación. Es triste ver como algunas mujeres escogen pagar un precio tan alto como su dignidad y su libertad, por el miedo a la soledad. Es casi inadmisible para mí, ver cómo hay mujeres que mantienen económica y emocionalmente a hombres que las maltratan por; de nuevo, miedo a la soledad. La soledad ha sido subestimada, pues sólo adentrándose en ella se puede conocer  bien nuestro interior. “La vida nos da premios en forma de castigos”. La libertad que trae la soledad, convierte al ser humano en tal fortaleza, que los sufrimientos anteriores, especialmente los rompimientos románticos, toman una nueva perspectiva de gran aprendizaje, y crean un nuevo “yo” tan fuerte y tan libre, lleno de amor propio, que a final de cuentas, sólo puede atraer eso mismo. Sin ataduras, sin máscaras, sin tintes ni maquillajes, sin accesorios… sólo el ser. Porque ese ser es con el que la otra persona va a despertar cada mañana. No con el modelo de cuadritos en los abs que se queda sin un peso por “llevarte” (como mascota), al “mejor lugar”. Todo eso… absolutamente TODO es falsedad, y nada que sea artificial o falso incluso en su menor porcentaje, podrá igualar el calor de un abrazo sincero, de un te amo como eres, de un no te necesito, yo te escojo porque haces mi vida ya de por sí linda, mucho más completa. Admirar intelectual y emocionalmente a nuestras parejas, es un sentimiento de triunfo ante la vida, por haber encontrado a alguien por quien, por fin, vale la pena luchar. Temer la pérdida de esa persona no por miedo a la soledad, sino porque es alguien increíble, es una amor mucho más longevo que una atracción severa, y trae muchos mejores momentos, llenos de cariño y de verdadera pasión, porque aunado al deseo carnal… se arraiga con fuerza una increíble sensación de paz. Dejo una cita de uno de los mejores artículos que leí: “Date a woman who knows the beauty of being alone. Date a woman who is hard-headed, who is not afraid to speak her mind, who can be stubborn and passionate and wants to have the occasional debate because she wants to learn how you think and how you see the world. She questions assumptions (including her own), explores ideas, breaks molds. She is naturally curious. She wants to be stretched. She wants to change your mind and she wants her own mind changed. Date a woman who knows fear, sorrow, loss. Who isn’t scared to get naked. She knows that her own beauty lies in knowing her true value (but now and then she forgets, and then you can step in to remind her). Date a woman who knows her way around her own heart and is not afraid to break it. She knows what it wants and she stands up for it with conviction.” —- “Sal con una mujer que conoce la belleza de estar sola. Sal con una mujer que es testaruda, que no tiene miedo a decir lo que piensa, que puede ser terca y apasionado y quiere tener el debate ocasional porque quiere aprender cómo piensas y cómo se ves el mundo. Ella cuestiona suposiciones (incluida las suyas), explora las ideas, rompe moldes. Es curiosa por naturaleza. Ella quiere tener un reto. Ella quiere cambiar de opinión y quiere que su propia mente cambie. Sal con una mujer que conoce el miedo, la tristeza, la pérdida. Quién no tenga miedo a desnudarse. Ella sabe que su propia belleza está en saber su verdadero valor (pero de vez en cuando se le olvida, y entonces tu puedes intervenir para recordárselo). Sal con una mujer que conoce su camino alrededor de su propio corazón y no tiene miedo de romperlo. Ella sabe lo que quiere y defiende con convicción “.

6 comentarios en “La complicidad de lo obtenido.

  1. Quiero empezar la mañana compartiendo mi pensamiento, quiero empezar escribiendo lo que estas palabras de manera conjunta hacen una lectura tan introspectiva; quiero empezar antes que las represiones llenan de telarañas las asociaciones y simplemente retornen a lo inconsciente-reprimido.
    Crecemos en una sociedad llena de ideales: el ideal de la madre, ideal del padre, el ideal del “yo” mismo y ¿Por qué no? Del amor mismo y por ende de la pareja. Qué difícil ha de ser tratar de romper con estos paradigmas cuando desde pequeñ@s las introyecciones ya son parte de nuestra estructura, como inyecciones de una medicina tal vez no necesitada… una niña debe de buscar a el príncipe azul que Disney nos enseña que debemos de tener y los hombres a esas princesas complacientes y sumisas en la búsqueda de ambos del “…y fueron felices por siempre”… pero ¡oh sorpresa! Cuando la realidad se impone a la fantasía… y todo es tan diferente… y nos damos cuentas que ¡dichos príncipes y princesas solo existen ahí… en la fantasía! Y extrañad@s nos frustramos, nos deprimimos…recorremos un camino con muchos kilometrajes para poder encontrar ¿cual es la verdad? Por que sin duda Disney mintió.. nos damos cuenta que la inspiración de estas caricaturas son textos, prosa, cuentos… ¡PERO CON UN FINAL MUY DIFERENTE! ¿entonces serán cuentos? ¿o es la realidad?…
    En los caminos de la búsqueda del entendimiento mismo y del otro nos damos cuenta que vivimos en distorsiones: distorsiones propias y del otro… y enfrentar y quitar esa mascara hace la realidad aún más difícil… y tenemos que escoger… o seguimos en la distorsión o bien, decidimos quitarnos la venda y enfrentar la realidad… pero a veces esto último tiene un precio muy alto: caminar por los senderos buscando a ese otro que pueda emparejarse y emprender el camino juntos. ¿Qué difícil no?
    Sin duda tu lectura me llena de suspiros y pensamientos… no encuentro mejor palabra para describirlo que “introspectivo”.
    Me haces sonreír porque pienso en el mensaje de ¿cómo debemos de ser como mujeres?… y pienso sin duda en la escena tan simbólica (al menos para mí) de la película como agua para chocolate, cuando la hermana de tita incendia el baño y escapa cabalgando desnuda… o bien esta mujer de Isabel Allende: Eva Luna… todas las travesías de desamor y amor, la búsqueda de placer y el enfrentamiento al displacer… las menciono porque creo que ambas tienen en común este deseo, ímpetu por ser mujer, por su libertad y el anhelo del amor.. ¿Cómo podemos contener tanto? ¿Cómo podemos olvidar nuestros propios deseos y anhelos? Simplemente por la promesa de ese alguien que nos va a amor por siempre y para siempre cuando tal vez todo tenga una fecha de caducidad y el amor mismo debería de convertirse en una masa que se amoldará y convertirá en lo que esa relación necesite.
    Digamos una oda al amor; pero no la de Pablo Neruda, si no la propia… la de las experiencias, los anhelos y los sentimientos… sigamos intentando hasta poder encontrarlo.
    Quiero terminar transcribiendo un párrafo del libro de Julia Kristeva: Historias de amor, el apartado llamado “un mal, una palabra, una carta”.. y dice así: “ la ingenuidad del debate encierra probablemente una profundidad metafísica, o al menos lingüística. Más allá de la revelación –una más- del abismo que separa los sexos, esta interrogación insinúa que el amor sería, de todos modos, solitario, ya que es incomunicable. Como si en el preciso instante en el que el individuo se descubriera intensamente verdadero, extremadamente subjetivo, pero violentamente ético por cuanto está generosamente dispuesto a hacerlo todo por el otro, descubriera también el cierre de su condición y la impotencia de su lenguaje. ¿no son dos amores esencialmente individuales, y por tanto inconmensurables, condenando así a la pareja a no encontrase más que en el infinito? …

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