-III- La montaña

-¡Apúrenle, que la montaña nos espera!- gritó la pequeña niña.

-¡Vamos!

Corrían los niños con sus manos repletas de piedritas, platos de cartón y una que otra sobra de comida.

-Está muy lejos-

-¡No seas flojo!, ¡Camina! No te va a pasar nada-

Sus piernas huntadas de ahuate, llenos de mugre: polvo, tierra, lodo seco, pasto y espinas en los zapatos. Las caritas iban de regreso, como guerreros, con sus ojos obscuros resaltando de entre el hollín; con su ropa en retazos, entre sudor y raspones.

-¡Papáaa!- gritó la niña, con las mejillas rosadas y enmugrecidas. -Necesitamos una lamparita o una velita… por que, es que… ya se hizo de noche y aún queremos volver ahí arriba, a la montaña, para ver las estrellas-

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