¿En dónde te encuentro, después?

Apareces del polvo y de la miel

como si fuera -siempre- 

la primera vez.

 

Me hacías falta hacía tiempo.

Tus ojos de noche

y tus manos de arcilla,

me han regresado a mis pasos.

 

Me hacías falta hacía tiempo,

estrella perdida,

nacida del mismo sueño. 

 

Te habías desaparecido 

la mitad de mi vida, 

como si te hubiese

ahogado el viento.

 

Hasta que una buena noche;

de esas en que despertamos

-a obscuras-,

regresaste a mí.

 

Sin decir nada, 

sin reclamar mis ojos, 

sin integrarte a mi alma. 

Pacífico y gentil. 

 

Sólo te sentaste a mi lado

como si nunca te hubieras ido.

Tan cercano y distante, 

como desconocido.

 

Te volviste a mí, 

como eslabón perdido;

y dejaste que tu alma y la mía

se pensaran una. 

 

(Apareces del polvo y la miel, 

siempre, como la primera vez).

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